Felipe no venía de una escuela de música ni de una carrera artística. Lo que sí tenía era una relación profunda con las canciones de Soda Stereo y una voz que, con el tiempo, comenzó a llamar la atención por su cercanía con la de Cerati. De esa coincidencia nació la idea de crear un homenaje cuando Gustavo aún se encontraba plenamente activo.
Desde el primer momento tuvo claro que parecerse no era suficiente. Había que entender la música, el lenguaje visual de cada gira y la emoción que provocaban esos conciertos. La intención nunca fue reemplazar a nadie, sino acercarse a la obra con respeto y hacer que volviera a sentirse viva sobre un escenario.
En aquellos años no existían las herramientas actuales para separar instrumentos o analizar una grabación en detalle. El trabajo se hacía a oído, después de muchas horas de ensayo, buscando instrumentos, efectos y soluciones escénicas capaces de recrear épocas muy diferentes entre sí. Esa forma artesanal de trabajar terminó definiendo buena parte de la identidad de PROFUGOS.
Felipe también impulsó el crecimiento visual del espectáculo. Con los años llegaron los láseres, las escenografías completas, el vestuario diseñado para cada etapa, las pantallas móviles y elevables y una propuesta 360° con un escenario giratorio. Más tarde incorporó inteligencia artificial en tiempo real para transformar su rostro en el de Gustavo Cerati durante ciertos momentos del show. La tecnología, para él, nunca ha sido un adorno: solo tiene sentido cuando ayuda a contar mejor la historia y deja un recuerdo en el público.
En ese recorrido, PROFUGOS compartió escenario con músicos estrechamente ligados a Cerati, entre ellos Leo García, Richard Coleman, Fernando Nalé y Leandro Fresco. Esos encuentros tuvieron un valor especial para Felipe: eran artistas que conocían esas canciones desde dentro y que aceptaban volver a habitarlas junto a la banda.
Hubo también un momento fuera de los escenarios que marcó su historia. En 2011, mientras Gustavo permanecía hospitalizado en Buenos Aires, Felipe y PROFUGOS viajaron con mensajes y regalos de sus seguidores. Allí fueron recibidos por Lilian Clark, madre de Gustavo Cerati.
Desde entonces, el proyecto ha llegado a escenarios como Movistar Arena, Teatro Caupolicán y Quinta Vergara. Felipe nunca ha querido convertirse en Cerati. Su propósito ha sido otro: construir un lugar donde esas canciones vuelvan a emocionar y donde cada persona se lleve algo verdadero de la noche que acaba de vivir.
“Mereces lo que sueñas.”
Gustavo Cerati







